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Tuesday, July 22, 2014

LA MUELA “MUERTA”

clip_image001Crónica de un examen obligado

- La muela “muerta”

Por: José Manuel Caraballo Bravo, Agencia de Prensa Libre Avileña, A.P.L.A.

Hace unos días me tocó ir al dentista porque una muela “muerta” me comenzaba a doler, y no podía esperar más, no solo por el futuro incremento del dolor, sino para aprovechar mis días libres y el seguro del Medicaid. Pronto comienzo a estudiar y luego a trabajar, y no voy a tener tiempo ni para sacarme los mocos.

No les voy a negar que el miedo se apoderara de mí. En Cuba, gracias a Dios y a mi Madre mi dentadura siempre fue tratada por los mejores especialistas durante mi niñez y adolescencia. Sin embargo cuando me hice adulto comencé a divorciarme de los dentistas, sus sondas y taladros.

Pues bien, arribé a la clínica dental Desert

Hillsclip_image003 a unos 16 minutos de mi hogar, a las 4:00 PM, temeroso de posibles dolores, ya que mi última experiencia en Cuba, luego de una extracción casi a sangre fría me provocó problemas para abrir y cerrar la boca debido a un reflejo incondicional tras el continuo dolor, otro episodio con mi mandíbula sobre el cual no quiero recordar.

Luego del llenado de mis datos personales, y tras comprobar mi identidad y seguro, una agradable asistente me condujo a la consulta, tomo mi presión arterial y pulso para más tarde tomar rayos X de mi zona afectada. Eso en la Cuba que me tocó vivir era y creo es ciencia ficción.

Tras otro breve tiempo de espera con música indirecta, hizo su entrada la doctora con el veredicto correcto sobre el tratamiento a seguir para mi salud bucal: extraer las muelas “muertas”, y comenzar una limpieza de dientes, algo que nunca me hice en Cuba, algo que nadie me explicó, sobre todas las cosas porque la Salud Pública en la Isla es “gratis”.

Una vez dada mi aprobación comenzó a ejecutarse la extracción de mi pedazo de muela, si porque realmente era lo que quedaba tras mi último mordisco de un chicharrón de cerdo comprado en una unidad gastronómica estatal cubana allá por el año 2012., recuerdo que algunos le llamaban “rompe quijadas”

No vallan a reírse; pero mi mayor preocupación después que la doctora me aseguró, que nada de dolor sentiría era donde iba a escupir, ya que no avizoraba lugar alguno, y por ser tan callado ni pregunta realicé al respecto. Vino la primera inyección de anestesia, y la segunda. Mis nervios en esa zona de trabajo estaban siendo “dormidos”, mientras escuchaba la canción de los Beatles “She loves you…”, ¡que desarrollo!, ¡que atención!, ¡que confort!

Posteriormente comenzó la verdadera faena para desenterrar la muela “muerta”, y aquí fue cuando mi pánico aumentó, porque comenzaría a segregar gran cantidad de saliva, y no sabia que hacer. Y así mismo sucedió, cuando de repente la asistente me ordenó cariñosamente: “Cierre los labios por favor”. Aquí me estrené en el aprendizaje para con el “chupa saliva”, o sea el equipo de succión o extractor de saliva acumulada en mi boca. Nada que siempre se aprende algo nuevo, en esta ocasión a que me succionen, claro está, la saliva.

Lo demás es pan comido, quiero decir muela extraída, con toda la profesionalidad del mundo, con la mayor delicadeza jamás experimentada, y con un fondo musical excepcional: Aerosmith y “I don’t wanna miss a thing”

Así las cosas, yo le temía al dentista, yo no quería perder otra muela, mas las pérdidas suceden en todas partes y todas las épocas, como aseguró uno de mis colegas: “Homero fue ciego y a Cervantes le faltaba un brazo, Jose o Caraballo – según me llamen – perdió una muela.